CEMENTERIO NUCLEAR DE EL CABRIL
Esquema de almacenaje de residuos radiactivos.

1- Capa filtrante
2.- Escollera
3.- Arena y grava
4.- Arcilla, impermeable
5.- Cobertura


Proceso de Almacenamiento
Los residuos radiactivos de baja y media actividad llegan a El Cabril en bidones de 220 litros transportados por camiones habilitados para este tipo de residuos y son descargados en el edificio de Acondicionamiento, donde se identifican teniendo en cuenta su acondicionamiento previo, siendo introducidos en las distintas naves para su proceso:
- Residuos ya acondicionados aptos para ser introducidos directamente en Unidades de Almacenamiento.
- Residuos compactables, que una vez realizada esta operación, son también introducidos en contenedores de hormigón.
- Residuos destinados al Laboratorio para pruebas de calidad y ensayos.

Unidades de Almacenamiento
Cuando una unidad de almacenamiento se llena (en cada unidad caben 18 bidones de 220 litros), se cubre con una tapa de hormigón, inyectándosele mortero de forma que se convierta en un bloque compacto, para ser situado posteriormente en las celdas de almacenamiento.


Celdas de Almacenamiento
Las unidades de almacenamiento, de 24 toneladas de peso aproximadamente cada una, se sitúan dentro de una de las 28 celdas de almacenamiento (cada celda tiene capacidad para 320 unidades).
Una vez llena cada celda, se cierra con una tapa de hormigón armado que es impermeabilizada posteriormente.
Las celdas de almacenamiento están dispuestas en dos plataformas de 12 y 16 unidades respectivamente.
Una vez completada una plataforma, será recubierta con capas alternativas de materiales drenantes e impermeabilizantes que evitarán que posibles infiltraciones de agua de lluvia puedan entrar en contacto con los residuos.
Las plataformas de almacenamiento están dotadas de una red de control de infiltraciones (RCI), accesible en todo momento.

 
El único cementerio nuclear español, acondicionado para materiales de baja y media actividad (con una vida máxima de 300 años) esta situado en el término municipal de Hornachuelos, a 80 kilómetros de Córdoba en línea recta, en pleno corazón de Sierra Morena, El Cabril almacenaba a comienzos de este año 16.279 metros cúbicos de basura (el 28% de su capacidad). Alrededor de las instalaciones, que ocupan 15 hectáreas de monte habitadas por ciervos, buitres y conejos, funcionan 36 puntos de control del aire, el agua y la vegetación. Enresa (Empresa Nacional de Residuos Radiactivos) asegura que no se emite nada al exterior y que no existe más radiactividad que la natural -el origen del complejo está en una mina de uranio ya agotada-. El Cabril se compone de oficinas, laboratorios, instalaciones para recibir y acondicionar los residuos, una incineradora, celdas de almacenamiento, una piscina de agua y un depósito ciego para potenciales filtraciones.

Mapa de instalaciones nucleares

1.- Central de Garoña-Burgos
2.- Central de Trillo - Guadalajara
3.- Central de Zorita - Guadalajara
4 y 5 .- Centrales de Asco I y Asco II - Tarragona
6.- Central de Cofrentes - Valencia

1.- Fábrica de combustibles - Juzbago
2.- Fábrica de concentrados de uranio - Salamanca
3.- Almacén de residuos - El Cabril


Todos los días llega un camión procedente de alguno de los nueve reactores nucleares españoles (producen el 33% de la electricidad de este país). Y cada semana arriban dos camionetas cargadas con material contaminado de unos 600 hospitales y centros de investigación. En total, suman 2.000 toneladas anuales, que, en el futuro, serán cubiertas por dos metros de tierra tachonada de árboles. Es un tratamiento copiado de Francia. El Cabril, construido en 1992, simboliza una estrategia de hechos consumados practicada por los diferentes gobiernos centrales. Los ecologistas advierten que la estructura geológica y la historia sísmica de la sierra de Hornachuelos no son tan idóneas como afirman las autoridades. Y, en 1996, el Tribunal Superior de Madrid declaró que allí se habían almacenado desechos de las centrales nucleares sin tener la licencia necesaria, como denunció Aedenat. Bidón fichado Las actuales instalaciones de El Cabril reemplazaron hace siete años a unos pabellones donde se apilaban los bidones radiactivos. Con anterioridad, se amontonaban en la vieja mina de uranio. Ahora, Enresa los ficha minuciosamente y los guarda luego en unos cubos de hormigón. El contenido es, básicamente, de dos tipos. Por un lado, están los bidones de las centrales nucleares -el 90% del total-, acondicionados con un tercio de material radiactivo y dos tercios de cemento. Otros residuos -generados por hospitales y otras instalaciones- han de ser incinerados o compactados en El Cabril antes de introducirlos en los cubos. Cuando éstos quedan repletos, se rellenan de mortero a través de unos orificios de la parte superior. A continuación, varios camiones los transportan hasta unas grandes celdas de hormigón, con paredes de 0,5 metros de espesor. Esas celdas -28 en total- se alinean en dos plataformas surcadas por sendos pasillos interiores. Los camiones se detienen a la entrada de los mismos y depositan su carga mediante un sistema de grúas colgadas de unos techos móviles que se desplazan por encima de las celdas. Las ocho que ya están repletas han sido selladas con una cubierta de hormigón. Cuando las plataformas queden completas, el conjunto se recubrirá con una capa de materiales impermeables, de dos metros de grosor. El resultado final -hacia la segunda década del siglo XXI- serán dos colinas, sobre las que se plantará vegetación. Bajo esta idílica apariencia natural, cada estructura conserva un orificio conectado a una tubería que desemboca en un recipiente de cristal. Se trata de detectar visualmente posibles filtraciones, que serían desviadas a un depósito subterráneo. Greenpeace advierte que esa medida de prevención demuestra, que el riesgo de filtración es algo más que una teoría. Y recuerda que la dosis de superficie emitida por un bidón como los enviados a El Cabril superaría varias veces el límite anual admisible para un ser humano. Sin embargo, Enresa subraya que las operaciones están automatizadas, lo que somete al personal al mínimo riesgo posible. Además, las estructuras de almacenamiento están concebidas para afrontar un terremoto de 7,5 grados y los residuos son recuperables si surgiera un método más seguro. Lo guardado en Sierra Morena tiene una vida de 300 años. Merece la pena detenerse en ello cuando se está desmantelando la central Vandellós I y se habla de descontaminar chatarra para desclasificarla, debido a lo caro que resulta guardarla. O cuando se alude a un nuevo cementerio temporal para el combustible gastado de las centrales y los residuos de alta actividad, que ya desbordan la capacidad de la de Trillo y lo harán en las demás a partir del 2013. Con una actividad de miles de años, no se sabe si es mejor enterrarlos a gran profundidad o transmutarlos en residuos de baja y media actividad. El Gobierno ha utilizado este dilema para aplazar la decisión definitiva hasta el 2010. Pero ya conocemos la basura global que generará nuestra industria nuclear: 6.750 toneladas de combustible gastado (en 1998 eran 2.249) y 193.600 metros cúbicos de residuos de media y baja actividad (25.435). Mantener a raya estos isótopos que le sobran al sector eléctrico costará 1,6 billones, con una repercusión del 0,8% en la factura de la luz.